Proxémica o como entender los espacios durante la comunicación en la prevención de riesgos laborales

Si hay algo que tenemos que realizar con muchísima frecuencia los técnicos es interactuar con otras personas, es obvio que somos seres sociales, comunicativos, pero realmente, ¿conocemos todos los mecanismos que regulan la comunicación? ¿Sómos conscientes de todo lo que podemos llegar a comunicar sin que abramos nuestra boca?

Existe todo un código del lenguaje oculto en nuestros gestos, la entonación, la cadencia o la articulación, pero hoy, no voy a hablaros de esto (lo reservo para un futuro post). Lo que voy a tratar de daros las claves de cómo debemos situarnos respecto al interlocutor durante una conversación.

La proxémica o proxemia pertenece a la semiótica (ciencia que estudia el sistema de signos empleado en la comunicación) dedicada al estudio de la organización del espacio en la comunicación lingüística. Más específicamente, la proxémica estudia las relaciones -de proximidad, de alejamiento, etc.- entre las personas y los objetos durante la interacción, las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico. Además, pretende analizar el significado que se desprende de dichos comportamientos.

El padre de la proxémica, fue un antropólogo llamado Edward T.Hall que estableció que existe una estrecha relación entre la distancia que marcamos con respecto a nuestro interlocutor y la buena marcha de un proceso comunicativo. El origen fue bastante distinto al que pudiera pensarse, puesto que se empezó a aplicar para el estudio de cómo podía influir las distribuciones espaciales en las interrelaciones entre animales (machos, hembras, otros animales del grupo, crías, etc.). El investigador, estableció que existen como cuatro “burbujas” concéntricas de un espacio definido por nuestra persona. A su vez cada espacio lo definía una subfase cercana y lejana.

Sin entrar en demasiados detalles, Hall, estableció que cada burbuja iba de mayor  acercamiento emocional a menor, en la burbuja más lejana. Así la clasificación de estas curvas concéntricas, las llamó, intima (con separación de 0 a 45 cm), personal (de 45 cm a 1,20 m), social (1,20 a 3,65 m) y pública (de 3,65 a 6 m o incluso superior).

Así una pareja, una madre y su hijo, etc. tienen a llevar una comunicación muy próxima  (de 0 a 45 cm) y esta podemos decir que es eficaz, profunda y emotiva, estaríamos en el nivel íntimo. Pero pensemos que ocurre cuando vamos en el metro, un autobús o estamos en una aglomeración de gente, allí nos encontramos rodeados de personas desconocidas, apretados  y siempre rechazamos la mirada del otro y cuanto menos la comunicación, no llega a ser lo más agradecida que quisiéramos. Por tanto en este nivel nunca deberíamos de encontrarnos con un cliente, un trabajador o un empresario.

El segundo nivel, el personal, es aquel espacio que va de la corta distancia (unos 45 cm) a la distancia del brazo extendido (1,20 m). Aquí si que podemos estar hablando de una manera íntima con una persona (por ejemplo si hay mucho ruido), hasta una situación en la que es más difícil el contacto físico. Por tanto se emplea en situaciones en las que se requiera una conversación privada y que por lo tanto el contenido del mensaje no llegase a otros oídos.

El tercer estadio, el social, es el que empleamos con un cliente, con un empresario o con nuestros compañeros de trabajo. Las personas se encuentran a una separación más acusada, dependiendo de la finalidad. Se da en relaciones interpersonales, de negocios y da a entender el status quo dominio de la persona en relación al otro. Aquí en esta fase la interacción debido a la separación que se puede tener es mínima (hasta 3,65 metros).

El último nivel es el público, entendiéndose este a aquel en el que el orador, ponente, profesor, etc se sitúa muy alejado de sus oyentes. En este último grupo, tendríamos muchos ejemplos como los que ocurren en una ponencia y/o congreso, en una  difusión, en una sala de un juicio, en una ceremonia religiosa o aplicado en el mundo de empresa el que puede existir en un comunicado en una reunión.

La proxémica no es una disciplina exacta, pero si conviene saber que con nuestro interlocutor la separación ha de ser entre 1,20 y no debería llegar a 3,65 m en ningún caso. Este último caso, nos puede servir para ilustrar la distribución de espacios en oficinas por ejemplo ya que muchas veces los jefes,  emplean las distancias para relacionarse con sus subordinados, sobre todo en las distribuciones del mobiliario. Además aquí también se emplea un distanciamiento por medio de interposición de obstáculos como paneles o paredes.

También dependerá de culturas y costumbres sociales, ya que mientras que en los países sudamericanos suelen tener tendencia al acercamiento comunicativo, por el contrario en los Países nórdicos, es justo lo contrario y prefieren mantener la distancia. Por lo tanto cuando queramos establecer contactos comunicativos, bien sea para ventas, formación o intentar persuadir a la otra persona, deberíamos tener unas mínimas nociones de su procedencia pues no convendría hacerles sentir molestos o incomodados. La proxémica, vemos que juega un papel muy importante y la relación espacial con la persona con la que nos relacionemos y su lugar de procedencia.

¿Pero como nos puede ayudar el saber todo esto a los técnicos en prevención? El profesional debería ser consciente de su ubicación respecto al oyente, teniendo presente que la influencia de nuestro mensaje en la otra persona, tendrá su razón de ser si no intimidamos excesivamente con nuestra posición corporal. Ser excesivamente invasivo del terreno que ocupa la otra persona puede ser “violento”. Existirán determinados momentos en los que se requiera una cierta proximidad con un trabajador por ejemplo. Se me ocurre un ejemplo ilustrativo, cuando estamos investigando un problema de índoles psicosocial en la empresa, ya sea mobing, acoso sexual, etc. podría ser muy útil en nuestra investigación, mantener una comunicación espacial cercana y siempre ayudada por otras técnicas complementarias para conseguir empatizar con el entrevistado.

Por el contrario, alejarnos demasiado, puede denotar de manera superlativa un grado de autoritarismo o superioridad, que no nos interesa en según qué casos. La excesiva lejanía puede valer en nuestras formaciones pues en estas buscamos que nos vean como un comunicador con cierta “autoridad”. En otras ocasiones, esta lejanía no sería conveniente como ya mencionamos antes, sobre todo en situaciones que podría dificultarnos en nuestro trato con trabajadores o empresarios.

En conclusión, deberíamos todos poder desarrollar la competencia proxémica, pues permite a las personas crear un marco de interacción acorde con unas coordenadas espacio-temporales que articulan unos significados concretos y que, en ocasiones, obedecen a un complejo sistema de condicionantes sociales que pueden deberse a razones de sexo, la edad y la procedencia social y cultural de las personas. Es obvio que el prevencionista ha de ser un profesional con una buena formación teórica pero también conocer las herramientas que todo proceso comunicativo conlleva. Como dije al principio el lenguaje que no expresamos fonéticamente, puede ser muy importante y sin lugar a dudas complementaria en muchas ocasiones la comunicación verbal.

[foto-fuente propia del autor del post]

 

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