Aprendamos a “barrer el corral”

La expresión “barrer el corral” vendría a referirse a intentar no desperdiciar nada, reaprovecharlo todo siempre que se pueda y reducir lo que tiremos. Nos podemos sorprender que en un año se tiran más de 1300 millones de toneladas de alimentos, según la Comisión Europea y sólo en España unos 1,5 millones de toneladas de alimentos (datos de la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios  -CECCU-).

Recientemente estudios en la CE, se calcula que los europeos tiramos una media de 123 kilos de comida al año. O dicho de otra manera, el 16% de todos los alimentos que llegan a nuestras manos. Cerca del 80% de estos desperdicios (unos 97 kg) serían “evitables”. En España no es tan elevado, unos 80 kilos al año, siendo el séptimo país con más desperdicios de comida. Pero, ¿cómo podemos evitar este gasto? A esta pregunta le intentaré dar una respuesta en las siguientes líneas.
En porcentaje, el pan es lo que más tiramos a la basura. Compramos de más y, cuando se pone duro, suele acabar en el contenedor. Según la CECCU, el 19,3% de la comida que tiramos es pan, cereales u otros alimentos relacionados con la bollería.

Las frutas y verduras son el otro gran tipo de alimentos que tiende a ser tirados a la basura (16,9%).En muchos casos no sabemos conservarlas bien. Y el 13,3% de los alimentos que tiramos son lácteos. Leche, yogures, quesos y derivados, se nos pasan más de lo que nos gustaría.

Los productos se echan a perder en casa y podemos caer en la tentación de alargar la caducidad, incurriendo en un riesgo para la salud, no siendo esta la solución. Algo bien distinto es el consumo preferente, que simplemente establece el día hasta el cual el producto mantiene sus cualidades organolépticas intactas.

Las políticas de los establecimientos de venta al consumidor de productos podrían sufrir cambios en cuanto al etiquetado incluyendo dos referencias en los perecederos. La primera es la que ya conocemos que es la fecha de caducidad (la fecha del alimento sin que entrañe riesgos para la salud) y la otra viene marcada por una “R” unos días antes de la primera y que indicaría cuando debería ser retirado por el supermercado. Estos últimos se aprovecharan como biomasa o pienso para animales.

Diferenciaremos la caducidad del consumo preferente, clave para un consumo seguro y responsable. La fecha de consumo preferente  (latas, arroz, et.), una vez superada, sigue siendo saludable. Es posible que haya perdido sabor y textura (p.e. que no sea tan agradable al tacto y a la vista).Uno de los elementos que afecta a los alimentos sería la perdida de humedad (p.e. que una magdalena no fuera tan esponjosa), otro es el enranciamiento de las grasas, lo que en principio no es perjudicial, pero resulta desagradable al gusto y al olfato. Por lo tanto, antes de tirar un alimento por haber sobrepasado la fecha de consumo preferente, se comprobará el aspecto, si huele y sabe bien.

Cuando hablamos de fecha de caducidad, que suele aparecer en alimentos perecederos, como pescado fresco o carne, no debe ser consumido tras esa fecha y se han de seguir las instrucciones del etiquetado, como mantenerlo a bajas temperaturas. No obstante, es posible alargar la conservación más allá, congelándolo tras la adquisición. La solución contra el desperdicio de comida no es comerla caducada, sino “comprar con mayor racionalidad, no compulsivamente”.

Pero los alimentos pueden reclasificarse, como ocurrió con los yogures. Una normativa permitió que se pasase a consumo preferente. El yogur, per se, es un alimento que no caduca, quienes tienen que decir la fecha son las autoridades pertinentes, siendo un comité científico el que debe de evaluarlo.

Para la mayoría de productos son los propios fabricantes los que establecen las fechas orientativas de consumo. Estas se basan en tres análisis: microbiológico de agentes patógenos, fisio-químico para medir toxicidad y uno sensorial para testar olor y sabor.

Conociendo las fechas de consumo, que podemos hacer con el pan de molde a punto de caducar, con ese pollo asado que te ha sobrado o ese cocido que no calculaste bien. Ni se te ocurra tirar toda esa comida; hay muchos trucos más allá de las socorridas croquetas para no desperdiciar las sobras.

Por qué no darles una segunda oportunidad, aprendamos a hacer cocina reciclada, creativa, barata y muy rica con algunos restos y sobrantes:

  • Los restos de verduras, hortalizas o legumbres, como las pieles pueden transformarse al día siguiente en un apetitoso puré o en una suave crema.
  • La carne, pescado o pollo cocido, se aprovecha para hacer croquetas, empanadillas, rellenar pimientos, dar sabor a un caldo, sopa o un estofado. O incluso completar una ensalada.
  • Las frutas que estén algo tocadas, preparamos un rico postre: compotas, macedonias, batidos naturales, mermeladas, bizcochos, tartas o guardarlas en almíbar.
  • Las sobras de salsa (de tomate, por ejemplo), se pueden congelar en pequeñas porciones y sólo descongelar lo que necesitemos, por ejemplo en unos espaguetis boloñesa.
  • Aprovecha hasta la última gota en los bricks, latas y botes de vidrio, para ello abre los pliegues una vez terminado y obtendrás un poco más. También puedes añadirle un poco de agua y remover, apurarás todo lo que se haya quedado.
  • Los huevos a punto de caducar, cocerlos y prepáralos rellenos de atún, también puedes picarlos e incluirlos en ensaladas, sopas o cremas. Otra idea es hacerlos revueltos y completarlos con otros restos de verduras, carnes o pescados
  • Esa cuña de queso algo dura se puede rallar o, mejor aún, puedes acumular unos cuantos restos para hacerte tu propia fondue (por ejemplo foundue de carne).
  • El pan del día anterior tiene mucha vida, se puede convertir en unos picatostes para el puré o para una ensalada, o puedes tostarlo para desayunar o para acompañar unas lentejas o en una sopa francesa de cebolla.
  • Con el exceso de pasta o arroz aparta lo que no vayas a comer (sin mezclar con las salsas) y guárdalos en una fiambrera en la nevera. Es perfecta para hacer ensaladas o como guarnición de la carne o el pescado.
  • Los tomates se pueden congelar. Cuando estén a punto de pasarse, guárdalos en el congelador, previamente escaldados durante 10-15 minutos y después pelarlos. Servirán para todo tipo de salsas en platos como arroces, pistos, pastas, pescados como el bonito o la carne en tacos, sin perder sus propiedades.
  • Las lonchas de fiambre o queso que se quedan sueltas por la nevera son perfectas para rellenar una quiche o hacer una pizza casera deliciosa.
  • Con las patatas cocidas puedes hacer un buen puré de patatas, ensaladas camperas, ensaladilla rusa, tortillas o para acompañar estofados.
  • Las tartaletas o las tartas en general, son una buena manera de aprovechar los restos de comidas Corta trocitos de carnes rojas cocidas y de vegetales sobrantes, mézclalos con nueces peladas y partidas, y cubos de jamón; integra unas dos cucharadas de queso blanco y uno a dos huevos
  • Las sopas o caldos se puede aprovechar los sobrantes de carnes blancas y mariscos, agregándolas al caldo.
  • Con el sobrante de cava o champán, prepararemos un sorbete con ese sobrante añadiéndole helado de limón.
  • Si los huevos de la nevera están a punto de caducar, cuécelos y prepara para el día siguiente unos huevos rellenos de atún.
  • Con los huevos, nada como un revuelto para aprovechar los restos más variados de comida.
  • Incluso las pieles de patatas, pueden ser usadas para freirlas y servir a modo de aperitivo, como si fueran unas papas fritas.
  • La ensaladilla rusa sobrante puede convertirse en el relleno de unos ricos rollitos de jamón york.

Además del ahorro que supone una buena planificación del menú (comprar de manera inteligente), sobre todo el ahorro empieza en tu nevera, las recomendaciones que te doy para aprovechar al máximo la comida que compramos: organizar el frigorífico colocando los más perecederos delante, cada alimento tiene su sitio específico (la carne o pescado, siempre en la zona más fría del frigo; los lácteos y embutidos no necesitan tanto frío, así que puedes ponerlos en la parte central o superior; las frutas y verduras, han de ir dentro de los cajones para protegerlas del exceso de frio), los alimentos en recipientes herméticos o envueltos, duran más (así evitamos contaminaciones cruzadas); evita sobrecargar la nevera, aprovecha el congelador antes de tirar el alimento a la basura y recuerda mantener limpio el frigorífico con frecuencia (una vez por mes) para garantizar buena conservación.

Los hogares españoles anualmente tiran unos 1.000 euros a la basura, esto supondría mucho para tantas familias que sufren pobreza alimentaria, sobre todo el grupo más perjudicado, la infancia En nuestras manos está el hacer un consumo responsable, seamos conscientes de ello y hagamos compras más racionales.

[foto_fuente propia del autor del post. Talleres de aprovechamiento de resto de comidas impartido en mercado en Paseo San Joan en Barcelona]

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