Refugios climáticos en las ciudades

Actualmente estamos teniendo algunas huelgas a nivel global en la que los jóvenes se manifiestas para mostrar su grave descontento por cómo están operando las naciones en el mundo en relación a la grave crisis climáticas a la que nos enfrentamos a escala planetaria y que desafortunadamente ya desde hace muchos años se están viendo sus defectos devastadores. Caben citar a este respecto, no sólo los largos periodos de sequias, los efectos de huracanes o las crecidas del nivel de los océanos que ha obligado a poblaciones enteras a desplazarse a terrenos más seguros en zonas interiores o elevadas. Desoladores imágenes de desgajamientos de icebergs son el claro exponente del cambio climático.

Las ciudades asentamientos que a principios del pasado siglo supusieron la esperanza a muchos que allí fueron, huyendo de la pobreza o la falta de oportunidades en las zonas rurales, ahora son uno de los principales focos de la problemática ambiental que sufrimos.

No es novedoso para ninguno de nosotros, la gran problemática que sufren las grandes ciudades de los cinco continentes y los retos a los que se enfrentarán en la próxima década a punto de estrenar. Los grandes problemas de movilidad, el abuso (muchas veces irrenunciable por el usuario) de los utilitarios unipersonales, la masificación, el uso (o más bien abuso) del suelo, la naturalización de las ciudades (algo utópico a mi parecer) y un larguísimo etcétera.

No entraré en estas líneas en una corriente, cada vez con más seguidores, que en parte empujados por la grave crisis del 2008, se vieron obligados a repoblar zonas de la España despoblada. Quizá en los próximos años vemos un flujo migratorio suave bidireccional y no únicamente hacia un sentido. Todo dependerá de cómo se gestionen todos los recursos, servicios médicos y educativos. Pero eso es otra historia…

Pero intentando, el lector comprender o  encontrar el significado de las dos palabras del titular del post: ¿qué son los “refugios climáticos”?

Pero voy a intentar poner en contexto al lector. En una ciudad tan grande como la de Barcelona está sufriendo en los últimos años la influencia a nivel local de las consecuencias del cambio climático. Pero, los científicos,  ya se adelantan y lanzan a modo de proyecciones futuras de lo que sucederá en las próximas décadas: subida de los niveles del mar (afectación a la playa de San Sebastian), o el aumento de los días/año con temperaturas superiores a 30ºC.

Ya en el 2015, el Ayuntamiento de esta ciudad denunció en la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas, que las medidas adoptadas por los países no ivan a ser suficientes. Como medidas, el Consistorio de Barcelona, ya  está sumando las medidas para frenar o al menos mitigar el calentamiento global a nivel urbano con algunas pautas de choque como son: reducción de utilitarios en ciudad, aumento de líneas y la frecuencia de transporte público, potenciar el uso de bicicletas (el popular bicing), la creación de supermanzanas, la potencialización del uso de energías renovables (placas solares) o el aumento de la masa vegetal en parques o por uso de los ciudadanos (por ejemplo con la creación de huertos urbanos) entre otras medidas que se pueden adoptar.

Sin embargo, es posible que tras estas medidas puedan ser insuficientes para paliar el incremento de la temperatura en la ciudad y se establecerán refugios climáticos en ciertas zonas para que los ciudadanos tengan lugares (por ejemplo bibliotecas)  con cierto confort térmico y no sufrir graves problemas por calor. Sobre todo esto sucederá con grupos de alto riesgo como pueden ser ancianos, niños, personas con algún tipo de problemas de salud (hipoglucemia, etc.)

Está claro que la lucha para frenar el cambio climático ha de establecerse desde una sólida intervención por parte de las administraciones públicas, considerando todos aquellos factores que ayudan al calentamiento global y actuar sobre ellos (coches, industrias próximas a los núcleos urbanos, el exceso de cemento, etc.).

No obstante recordar que a nivel individual debemos aportar nuestro grano de arena para no contribuir al cambio climático utilizando siempre nuestra buena voluntad: utilizar transporte público, empleo en de coches compartidos, uso responsable de recursos energéticos (apagar luces de estancias cuando no estemos en ella, regulación de calefacción/aire acondicionado de manera eficiente y coherente con las necesidades, uso racional del consumo del agua), mayor uso de bicicletas municipales (un abaratamiento sería aconsejable) o apostar por los monopatines eléctricos (los llamados scotter). También en ciertas ciudades como en Barcelona, la donación de un coche de cierta antigüedad puede beneficiar al conductor puesto que se le entrega a cambio una tarjeta de transporte ilimitada durante algunos años (la tarjeta verde)

Los departamentos y/o concejalías tienen que elaborar una hoja de ruta viable, pero también comprometerse a llevarlo a cabo. De nada sirve que se pretenda concienciar a la ciudadanía que usen las bicicletas, si la cantidad de kilómetros de carriles bici en las ciudades se quedan estancados. De nada sirve que se pretenda que se utilice más el transporte público si existe todavía una gran cantidad de autobuses que no son ecoeficientes (al menos que sean híbridos).

El movimiento Friday for Future, creado por la activista Greta Thunberg, tiene motivos para estar muy cabreado. Las cosas no se están haciendo, no ya al ritmo que se requiere, sino con un compromiso real por todas las partes. El mundo se enfrenta a un punto de inflexión, en el que no hay billete de retorno. Posiblemente estamos esperando un milagro. Pero me temo que las cosas pueden ponerse realmente delicadas en las próximas décadas sino evitamos que suban las temperaturas 1,5ºC.  Bajo mi opinión personal, veo un futuro, sino apocalíptico, muy desolador. Considero que para que las cosas mejoren o mejor dicho no empeoren tan rápidamente, tendríamos que entrar en un periodo de decrecimiento económico planetario. ¿Está el hombre actual preparado para renunciar al consumismo acervado? Respuesta obvia: absolutamente y rotundamente, puedo afirmar de que NO.

[foto _ fotografia Biblioteca MAC Barcelona con derechos de libre utilización bajo la licencia CC0]

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