Riesgos físicos, químicos y biológicos presentes en la construcción

En las obras de construcción casi todos los riesgos son motivados por condiciones existentes inseguras (huecos sin tapar, bordes de forjados sin proteger, etc.), por factores personales (mala utilización de equipos de trabajo, etc.). Es evidente que estas condiciones pueden provocar riesgos conducentes a accidentes laborales, de cuya existencia da buena cuenta la seguridad laboral.

Sin embargo, existen otros riesgos, que aunque en su gran mayoría no son de carácter mortal, si pueden provocar una afectación en cuanto a que se manifiestan con enfermedades crónicas en los trabajadores. Dichos riesgos son motivados por agentes químicos, físicos y biológicos.

Los riesgos químicos se transmiten por el aire y pueden presentarse en forma de polvos, humos, nieblas, vapores o gases; siendo así, la exposición suele producirse por inhalación, aunque ciertos riesgos portados por el aire pueden fijarse y ser absorbidos a través de la piel (p. e., pesticidas y algunos disolventes orgánicos). Los riesgos químicos también se presentan en estado líquido o semilíquido (p. e. pegamentos o adhesivos, alquitrán) o en forma de polvo (cemento seco). El contacto de la piel con las sustancias químicas en este estado puede producirse adicionalmente a la posible inhalación del vapor, dando lugar a una intoxicación sistémica o una dermatitis por contacto. Las sustancias químicas también pueden ingerirse con los alimentos o con el agua, o pueden ser inhaladas al fumar.

Los riesgos físicos se encuentran presentes en toda construcción. Entre ellos se incluyen el ruido, el calor y el frío, las radiaciones y las vibraciones. A menudo, el trabajo de la construcción se desarrolla en presencia de calores o fríos extremos, con tiempo ventoso, lluvioso, con nieve, niebla o de noche. También se pueden encontrar radiaciones ionizantes y no ionizantes o presiones barométricas extremas (trabajos en inmersión).

La maquinaria que ha transformado la construcción en una actividad cada vez más mecanizada y también mucho más ruidosa. El ruido proviene de motores de todo tipo (vehículos, compresores neumáticos y grúas), cabrestantes, pistolas de remaches, de clavos, para pintar, martillos neumáticos, sierras mecánicas, lijadoras, explosivos, etc.

El ruido está presente en demoliciones por la misma naturaleza de su actividad. Afecta no sólo al operario que maneja una máquina que hace ruido, sino también a todos los que están en inmediaciones y no sólo causa pérdida de audición producida por el ruido, sino que enmascara otros sonidos que son importantes para la comunicación y seguridad. Los martillos neumáticos, muchas herramientas de mano y la maquinaria de movimiento de tierras y otras grandes máquinas móviles también les someten a vibraciones en todo el cuerpo o en una parte del mismo.

Los riesgos derivados del calor o del frío surgen, en primer lugar, porque gran parte del trabajo de construcción se desarrolla a la intemperie, que es el principal origen de este tipo de riesgos. Los operarios que se encuentran en azoteas están expuestos al sol, a menudo sin ninguna protección, y muchas veces han de calentar recipientes de alquitrán, recibiendo, por ello, fuertes cargas de calor por radiación y por convección que se añaden al calor metabólico producido por el esfuerzo físico.

Cada oficio tiene diferentes tipologías de riesgos debidos a agentes químicos, biológicos o físicos.  Hay que decir que al estar presentes en el ambiente de trabajo, no sólo los empleados serán los que se vean perjudicados, sino también los encargados, jefes de obra y otros personales técnicos (entre ellos los técnicos en prevención).

Así podremos tener problemas de riesgos por transtornos musculosesqueléticos (albañiles, carpinteros, fontaneros, cristaleros, etc.), dermatitis (canteros, albañiles, etc.), inhalación de metales pesados (electricistas, etc.), inhalación de compuestos orgánicos volátiles (pintores, etc.), inhalación a alquitrán (aislamientos de cubiertas, asfaltado de carreteras, etc.), exposición a plomo (fontaneros, etc.), exposición a amianto (trabajadores de demoliciones, etc.), ruido y/o vibraciones (operarios de manejo de martillos neumáticos, operarios de maquinaria de corte, etc.), exposición a calor y/o frío (general), por citar solo algunos representativos y no siendo muy exhaustivos.

Los riesgos biológicos se pueden mostrar por exposición a microorganismos infecciosos, a sustancias tóxicas de origen biológico o por ataques de animales. Por ejemplo, los trabajadores en excavaciones pueden desarrollar histoplasmosis, que es una infección pulmonar causada por un hongo que se encuentra comúnmente en el terreno. Dado que el cambio de composición de la mano de obra en cualquier proyecto es constante, los trabajadores individuales puede entrar en contacto con otros y, de resultas de ello, pueden contraer enfermedades contagiosas —gripe o tuberculosis, por ejemplo—. Los trabajadores también pueden estar expuestos al riesgo de contraer la malaria, fiebre amarilla entre otras si el trabajo se desarrolla en zonas en la que estos organismos y los insectos portadores son frecuentes.

Las sustancias tóxicas de origen vegetal provienen de la hiedra venenosa, arbustos venenosos y ortigas venenosas, que causan sarpullidos en la piel. El serrín de algunas maderas puede producir cáncer, y existen otras que causan molestias alergias (p. e. el cedro rojo occidental).

Los ataques por animales aunque raros, se pueden producir cuando un proyecto les causa molestias o invade su hábitat. Aquí se pueden incluir las avispas, abejorros, hormigas rojas, serpientes y muchos otros. Los trabajadores en la construcción de tuberías, estructuras, diques, etc. y que por lo tanto pueden trabajar en ambientes sumergidos en el agua pueden sufrir el riesgo de ataques por medusas, morenas e incluso en aguas más cálidas por tiburones y otras especies acuáticas. Tampoco debemos menospreciar las especies invasoras que muchas veces pueden introducirse en nuestro país y que los propietarios abandonan en la naturaleza sin valorar el impacto que estos pueden provocar tanto para los animales propios de nuestros ecosistemas como para el hombre.

Hemos visto que aunque estamos en un sector en los que los peligros a los que se puedan enfrentar los trabajadores de índole higiénica, están ahí y que aunque no tengan unas consecuencias tan inmediatas en la mayoría de casos, como los provocados por los accidentes de trabajo, pueden acarrear problemas de incapacidad, con las repercusiones económicas que esto trae consigo.

[Foto_fuente propia del archivo fotográfico del autor]

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