El precio de estar conectados a internet puede ser muy alto para la salud de cierto sector de la población, y que actualmente ronda el 10% de la población mundial. Y esto es así porque este grupo es sensible a las radiaciones electromagnéticas no ionizantes que emiten las placas de vitrocerámica, transformadores, routers wifi, dispositivos móviles y las antenas de telefonía que pueblan nuestras ciudades.
Los principales síntomas de esta enfermedad son dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad, fatiga crónica, dolor muscular, manifestaciones cutáneas. Posiblemente se encuentran implicadas y/o relacionadas con otras como las enfermedades autoinmunes (artritis reumatoide, psoriasis, esclerosis múltiple, enfermedad de Chron, etc.), enfermedades cardiovasculares u otras de origen neurológico (Alzheimer, Parkinson, etc.).
La gravedad dependerá de la sensibilidad del individuo. Afecta sobre todo a personas con sistema inmunitario debilitado o en fase de desarrollo (niños, mayores, mujeres, enfermos, etc.). Si los síntomas son sostenidos en el tiempo durante más de seis meses, se podría concluir que no es algo puntual sino crónico. Pese a no ser mortal puede acabar degenerando en enfermedades como el cáncer así como provocar diversos trastornos neurológicos en caso de no reducirse la exposición.
Los afectados pueden hacerse sensibles a niveles de radiaciones que normalmente, para el resto de personas, pasarían desapercibidos. Por otra parte, la mayoría de las personas intoxicadas por productos químicos (insecticidas, pesticidas, metales pesados, dioxinas, etc.) padecen de hipersensibilidad electromagnética sin ser conscientes.
La explicación científica de las causas que hacen que las ondas interfieren en los procesos biológicos como por ejemplo la alteración del ciclo de producción de la hormona melatonina, que regula el sistema inmunitario y hormonal (estudios del profesor José Luís Bardasano, Director del Departamento de Especialidades Médicas de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares) o de daños en el ADN que trasporta la información genética de las células (informe REFLEX, participado por investigadores de más de 12 países europeos y financiado por la UE).
Aunque la OMS (Organización Mundial de la Salud) no lo reconoce como enfermedad, sí es un trastorno considerado como baja laboral en algunos países como Suecia (primer país que así lo reconoció) y Francia.
La única forma de evitar el síndrome de la hipersensibilidad electromagnética sería no estar expuesto a las radiaciones. También la detección precoz, la formación del personal sanitario y la correcta comunicación al afectado, puede ayudar a controlar el proceso e impedir el avance. El tratamiento farmacológico puede mitigar los problemas y recurriremos a analgésicos, neurobióticos o antioxidantes.
Lo que parece evidente que la mejor manera de minimizar el daño para la salud de los enfermos radica en evitar o reducir al máximo posible la exposición a toda fuente electromagnética. Además de los apuntados, como los farmacológicos para sobrellevar mejor los efectos, la prevención sigue siendo nuestra aliada:
- Examinar detalladamente el lugar de descanso. Tener en cuenta que durante las horas de sueño, es cuando nuestro cuerpo segrega más melatonina.
- Incluir en nuestra alimentación alimentos ricos en melatonina (nueces, avena, arroz integral), triptófano, aminoácido precursor de la hormona anterior (platano, pipas de calabaza, pavo, etc.), los ácidos graos omega 3 (pescado azul), el ajo (mejora circulación sanguínea, disminuye dolores de cabeza, etc.), el reishi (hongo con efectos antitumorales y hepatoprotección). Por último vigilar que tengamos una alimentación rica en vitaminas como la B, oligoelementos y minerales.
- En cuanto a la preparación de alimentos mejor no utilizar el microondas y evitar las frituras, la bollería industrial, refinados y/o adulterados.
- Tener especial cuidado con presencia de amalgamas que tengamos en la boca que han podido ser transportadas por el agua en tuberías.
- Existen teléfonos inalámbricos que emiten poca o ninguna radiación cuando se encuentran en la base. Mejor aún si los teléfonos fijos son fijos con cable.
- Limitar al máximo el uso de teléfonos móviles y sobre todo en estructuras metálicas (coches, ascensores, etc.). También no usarlos en lugares con poca cobertura pues el móvil emite con más fuerza. Siempre mantener el terminal lo más alejado del cuerpo (modo manos libres).
- Reemplazar las redes WIFI por cables (ethernet) ya que con ello evitamos las ondas de alta frecuencia.
- Sustituir todos los monitores de tubo de rayos catódicos por otros planos (LED).
- Cuidado con los flexos de bombillas halógenas pues estos llevan en la base un transformador que emite campos magnéticos intensos. También los fluorescentes y las bombillas de bajo consumo. Mejor una luminaria sin transformador siempre.
- Ventilación de la vivienda durante quince minutos al día e instalar ionizadores de aire en casa (mejora de la calidad del aire y reduciremos la carga electrostática).
- Considerar cambiar la ropa sintética (favorece la electricidad estática) por otros de origen natural.
- Caminar descalzo sobre césped, arena o baldosa para descargarnos de la electricidad estática acumulada.
En España, ya tenemos un caso de una mujer con este síndrome y que gracias a una sentencia le ha dado una incapacidad absoluta y una pensión. También el caso se encontraba agravado por la suma de otras patologías como sensibilidad química, fatiga crónica y fibromialgia. Pese a esto, queda mucho por hacer para que se la reconozca dentro del cuadro de las enfermedades profesionales reconocidas por la Seguridad Social (RD 1299/2006 del 10 de noviembre por el que se aprueba el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación). En dicho reglamento, no sólo no aparece entre las enfermedades profesionales sí reconocidas, sino que tampoco se encuentra en el Anexo 2 de la lista complementaria de enfermedades cuyo origen profesional se sospecha y que en un futuro se podrían contemplar dentro del cuadro.
Como conclusión, decir que este trastorno de base neurológico, se ha incrementado en los últimos quince años, con la proliferación de las tecnologías inalámbricas. Aunque la ciencia, da la razón biológica de los resultados de estar sobreexpuestos a las radiaciones, existen poderosos intereses de índole económica que están por encima de la salud de los afectados por este extraño fenómeno.
No estoy en absoluto de acuerdo con lo que dices. ¿En qué me fundamento para afirmar esto? En el siguiente hecho: desde hace casi 100 años estamos sumergidos en cientos de campos electromagnéticos creados por las emisoras de radio y más recientemente por las mismas ondas de onda muy corta de las antenas de los teléfonos móviles. Si fuera cierto lo que dices (y lo que dicen los estudios que mencionas), todos los seres humanos padeceríamos los síntomas que dices. Y yo lo padecería en particular, porque me paso horas en casa trabajando con un PC y tengo a la altura de la cabeza dos antenas de un enrutador. Y no padezco ningún síntoma de los que dices. Y no soy sobrehumano.
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Hola Alberto:
En primer lugar agradecerte tu comentario al cuál intentaré ser lo más objetivo y esclarecedor posible. Bien es cierto que en una primera lectura uno puede interpretar algo de sensacionalismo en mi redacción (igual he pecado en cierta manera de una vertiente, digamos, que incluso lindando con lo apocalíptico, aunque nada más lejos de esta intencionalidad). En el texto si lees bien no doy nada como dogmático sino que siempre intento dar un enfoque práctico y preventivo (al fin y al cabo me dedico a la prevención de riesgos laborales).
Es cierto que la sintomatología que desarrollan algunas personas no podemos extrepolarla a toda la población, por supuesto. Incluso voy a ir un poco más allá, que existan líneas de alta tensión (o subestaciones de trasnformación) cercanas a colegios no implicaría que todos los niños desarrollasen leucemia (aunque los estudios epidemiológicos parecen claros a este respecto). Pero el principio de precaución es una base sobre la que trabajar para evitar daños en la salud.
Existen estudios científicos contrastados de varios autores Avendaño, Maganioty o Atasoy entre otros, que han visto efectos adversos en la fertilidad, daño cromosómico, alteración electroencefalograma, modificación de comportamiento o alteración en los ritmos cardiacos observables en ratas o la mosca Drasophila.
Si bien es cierto que a nivel humano, NO existe nada concluyente y debemos siempre (y en esto te doy toda la razón) ser muy cautos. Esperemos que nos depara el futuro y si se desarrollan nuevos casos además de los apuntados en el post.
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