El difícil reto de reconocer el cambio climático por grupos de negacionistas

La finalidad de este blog ya la conocéis mis lectores  que mes tras mes me seguís, la de ser un espacio donde da cabida a la pluralidad de opiniones sobre aquellas cuestiones que versan sobre la naturaleza  y el mundo del trabajo. En esta ocasión voy a poner un apunte autobiográfico porque considero que es para el tema que he elegido absolutamente relevante

Había escuchado que existían unos personajes, bautizados y canonizados a sí mismos como “negacionistas” del cambio climático. Claro está que para cualquier ambientólogo, el encontrarse con estos señores, puede suponer un impacto similar al de un choque de dos trenes de mercancías. Sí efectivamente, como podrás imaginar, me tocó conocer y aún es más mi desdicha, convivir bastantes meses con uno de estos “individuos”.

Y es que la actitud del compañero, no iba solo por la senda de no querer reciclar (pese a que los contenedores los tenía en la boca del metro que cada día tenía que coger para ir al trabajo), él negaba que el cambio climático ocurriese realmente. Cualquier argumentario que emplease yo, lo pisoteaba, sin piedad. Por muchas técnicas de persuasión, pedagogía y persistencia, él siempre se mostraba inalterable en su cima de la absoluta verdad. Para afianzar aún más su enrocamiento, esgrimía que había leído en alguna revista científica de reconocido prestigio, que el cambio climático no ocurría, que el planeta estaba recuperando el verdor de hace cientos de años. Quizá este tipo de noticia podía haberla encontrado a través de fake news o bulos que tanto circulan por internet, whatsapp©, etc, lo cual desconozco completamente.

Lo que mi compañero, negaba taxativamente, es que el hombre se encuentra inmerso en el cambio climático, de este escenario no podemos escapar, como tampoco de sus graves consecuencias que ya sufrimos. Una realidad que las comunidades científicas y los medios de comunicación, hacen una profusa difusión.

Existen muchas voces científicas que muestran sus pruebas respecto a la gravedad y la difícil solución al problema climático. Parece necesario franquear el difícil entendimiento entre la comunidad científica y la sociedad, a veces incluso se forman corrientes de rechazo, indiferencia o incluso de retraimiento ante un problema global como es el cambio climático.

Los pensamientos sociales negacionistas, parece que ha sufrido un incremento en las últimas encuestas sobre todo en aquellas culturas anglosajonas (por ejemplo EEUU, Reino Unido o Australia) y en Europa, como el caso de un país tan avanzado como Alemania. Los últimos informes demoscópicos se percibe un aumento en el porcentaje de la sociedad que se muestra negacionista ante las evidencias actuales.

Sin embargo, en España, la percepción, sigue siendo visiblemente aprobadora de los indicios de los científicos y existen pocos que nieguen las evidencias y se muestran claramente preocupados por las proyecciones futuras. Encuestas como la del Real Instituto Elcano 2010) subrayan que, el ciudadano español señala al hombre como el principal causante de esta cambiante climatología. Pero, debemos tener cuidado, la crisis económica ha puesto en relieve que se han de buscar soluciones a problemas sociales muy acuciantes como es la pobreza por delante de la lucha por el cambio climático.

Existen algunas perspectivas para analizar el progreso del negacionismo, entre las que destacamos:

  • La perspectiva psicológica. El rechazo de toda la información que nos llegue que nos pueda amenazar. Es un mecanismo de defensa en el hombre.
  • La perspectiva informativa. Es la que se genera por los medios de comunicación (incluso en internet), dando una visibilidad desmesurada a las perspectivas “escépticas”, aunque no tengan rigor científico.
  • La perspectiva educativa. Relacionada con la anterior, es el tratamiento que se le puede dar los medios a ciertos fenómenos naturales lógicos como pueden ser los fríos inviernos de los últimos años. Fenómenos como la “ciclogénesis explosiva”, pueden ser alimento para aquellos que en su discurso pretenden enterrar que existe un calentamiento global. Este discurso puede calará profundamente a aquella parte de la sociedad no demasiado informada.
  • La perspectiva política. Supone la existencia de una “brecha partidista” con claras connotaciones políticas. El ejemplo más claro, lo tenemos en los EEUU, entre los partidos republicano y demócrata. Esta identificación con un partido determinado puede suponer la enajenación de sus seguidores ante la crisis medio ambiental.

La reacción frecuente ante mensajes científicos puede ser la de ignorarlos. El desconocimiento o también la ignorancia, puede conducir a querer eximirnos a no querer reaccionar. La actitud “refractaria” o de bloqueo, que a veces ni somos conscientes de ello.

Pero aunque puede resultar un esfuerzo importante, las sociedades y “pueden ignorar los problemas que resultan inquietantes” (Kari Marie Nogaard 2009). Incluso pueden crearse estrategias orientadas a desviar la atención para distorsionar la realidad para alcanzar una visión de que “todo va bien”, el problema que si no es una solución inmediata mejor dejarlo.

Pero existe otro grado de inoperancia ante el problema. Es que se puede ser inconsecuente ante el cambio climático. Es decir podemos pensar en que efectivamente, el problema existe y que debemos actuar urgentemente, pero que dada la magnitud del problema no necesariamente vamos a actuar de manera responsable.

Un ejemplo de comportamiento inconsecuente en la sociedad es la percepción del coste de ese comportamiento. Y es que estaremos dispuestos a intentar adquirir aquellos bienes que tengan un impacto menor con el medio ambiente (por ejemplo iluminación led), pero cuando se trata de vivienda o vehículo no queremos renunciar a aquello aunque no sea sostenible.

Podríamos ser inconsecuentes si entramos en un bucle de percibir insignificantes las acciones que podamos tomar, si pensamos que nuestro comportamiento aporta poco valor si no es seguido por el resto del mundo (como el caso de cambiar todas las luminarias de nuestra casa por leds). Es decir se puede perder la objetividad que el problema nace de la suma de infinidad de pequeñas fuentes de emisiones a nivel planetario.

Existe una corriente que alimenta a la sociedad incosecuente por concepciones erróneas por querer esperar por si la situación alcanzado un extremo insostenible puede llegar a estabilizarse. Esa espera “hasta que sepamos lo suficiente” puede ser fatal.

La situación del presente siglo, con un contexto complicado para un avance sostenible de la civilización, supondrá que todo sean trabas para alcanzar nuestros objetivos de cero emisiones de GEI: ciudades masificadas, carencias en infraestructuras de transporte público, polígonos cercanos a carreteras, equipamientos urbanos ineficientemente en consumos energéticos, etc. Todo ello supone como una losa para el ciudadano que ve inútil sus esfuerzos por aportar algo hacia el medio ambiente.

Y por último el pesimismo que nace de aquellos individuos que tienen toda la información, la comprenden y la analizan. Precisamente de ese examen de la realidad climática, se refuerza su idea que poco podemos hacer, alimentando su desesperanza y frustración. Pero también pueden ser una antena para otros que no lo eran, provocando un efecto desmotivador al resto de la sociedad.

¿Ante una parte social que se puede mostrar negacionista, refractaria o inconsecuente con su forma de pensar, como podemos comunicar la necesidad de la urgencia del cambio? Es posible hacerlo pero con un modelo un tanto diferente en la estrategia comunicativa.

En primer lugar debemos mostrar las posibles salidas. Para ello convendrá recalcar que se puede hacer un mayor incapié en la I+D en tecnologías de depuración y/o reducción de GEI o una mayor inversión en las energías renovables, por encima del uso de los combustibles fósiles. También las estrategias de adaptación que podremos hacer por ejemplo con la agricultura ante el nuevo escenario futuro del planeta.

También resaltar las ventajas de las políticas que pueden hacer nuestros gobernantes en la lucha contra el calentamiento, siempre desde una posición realista y no partidista.

Buscar un equilibrio entre el diagnóstico al problema, los objetivos perseguidos y las propuestas de acción que podemos seguir. No queramos resolver un problema de una gran magnitud como es el deshielo de los polos inculcando a las personas el apagar las luces cuando no se utilicen. El objetivo perseguido a nivel individualista puede quedarse enturbiado, la estrategia mejor sería simplemente, cambiar conductualmente la mala costumbre de no hacerlo.

Rechazar comunicaciones que hagan del cambio climático una cuestión de índole “tecnocientífica”, que muchas veces se perciben como algo exclusivo a sólo unos pocos. Tampoco a una cuestión del tipo “ambiental”, pues las personas pueden asociarlo a algo que efecte más en la acepción flora y fauna, cuando realmente la escala es a nivel planetario para todos los seres vivos.

Y por último, asociar el aprendizaje y la acción responsable que este conlleva. La necesidad de tener a cualquier ciudadano con unos conocimientos sobre la problemática, pero también que este sea capaz de responder, desde su propia circunstancia, valores y responsabilidades ante esta amenaza que ya existe.

[foto_Caricatura Donald Trump, adaptada de las imágenes con licencia CC0 de la galería tomada de Michael Vadon en flickr]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s